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7 de junio, 7:00 pm. El Estadio Olímpico de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH) está casi lleno: alrededor de 20,000 asistentes no quieren perderse la final de la Liga de Futbol Americano Profesional (LFA) de México, entre Caudillos y los Osos de Monterrey. Desde sus hogares, miles de personas sintonizan el encuentro, que se salda 24-12 a favor de los locales porque, por primera vez en los 10 años de historia de la liga, ESPN transmitió sus partidos.

Para llegar a ese momento, hay que irse casi un año atrás. En noviembre de 2025, el fondo de inversión Global Sports Capital Partners anunció una inversión de 100 millones de dólares, junto con los dueños de los equipos, a lo largo de siete años. La noticia sorprendió porque la liga estaba formada por ocho equipos y parecía tener poco que ofrecer.

Gonzalo Sevilla es el director general y comisionado de la LFA. Antes de llegar a la liga, nunca había ido a un partido del torneo mexicano, pese a su afición por el futbol americano. De hecho, cuando le hablaron del proyecto, no le pareció atractivo. La conversación cambió cuando supo del fondo de inversión y su objetivo de profesionalizar la liga, “cambiar las viejas costumbres” y llevarla “al siguiente nivel”. El reto venía acompañado de un respaldo que ve una clara oportunidad de crecimiento. 

“La LFA no pretende crear demanda de futbol americano en México, porque ya existe”, explica. La NFL, la liga estadounidense, tiene aquí 40 millones de aficionados, es el segundo mercado con más seguidores, después de Estados Unidos. “Habiendo demanda, lo único que necesita la liga es profesionalizarse y crear una plataforma que permita que esa pasión sea duradera, que ofrezca diversidad a los inversionistas y que se pueda transformar en monetización”.

Gonzalo Sevilla, director general y comisionado de la LFA. | Diego Alvarez Esquivel

Sevilla reconoce que no será fácil pero sí posible. Es consciente de que la inversión se ha visto “escandalosa” para el tamaño de la liga, pero insiste en que es un compromiso a siete años, junto con los equipos, y que se ejecutará según las necesidades. “Es importante aclararlo porque luego la gente cree que yo en un cajón tengo un dineral y que gasto a diestra y siniestra. Y pues no. Tenemos una disciplina financiera importante”.

La LFA inició en 2016 y ha subsistido, aun con impagos por parte de los equipos a empleados y proveedores, falta de infraestructura y pérdidas financieras. Sevilla lo califica como un ejercicio casi “heroico”. La nueva administración quiere impulsar una estructura profesional y que los dueños estén comprometidos no solo con su pasión, sino con un músculo financiero real, para dar al aficionado un buen espectáculo, que permita una producción televisiva “en un canal con buenos alcances, buena reputación, talento de narraciones de calidad”, y una experiencia extraordinaria para el fan en los estadios.

Uno de esos dueños es Jorge Ginther, presidente de los Caudillos de Chihuahua, la franquicia que ayudó a fundar en 2019 y que debutó en la liga en 2020. El empresario jugó futbol americano cuando estudiaba en la Facultad de Contabilidad y Administración en la UACH. “Estaba pasando muchas situaciones personales difíciles y me cambió la vida”, dice. 

Nunca había jugado, pero, al morir su madre, acabó durmiendo en los casilleros de la universidad. Se enteró de que los integrantes del equipo comían gratis y eso lo motivó. Después, comprendió que había entrado a una familia y se enamoró de lo que representaba ese deporte. “Y como se juega futbol americano es como se debe jugar en los negocios: tener objetivos claros, estrategia, con un equipo que te respalde, porque cada posición es importante, aprender de las caídas” explica. “Y no solo aprender, sino hacer una reingeniería para que no te vuelva a suceder. Y, obvio, tienes que estar mirando el marcador”.

Ginther ha visto un cambio “de 180 grados” con la nueva liga, con una organización que también se ha enfocado en la estrategia de mercadotecnia. Para los equipos, la experiencia del aficionado es clave y uno de los objetivos es que cada vez haya más asistentes en los estadios, tanto de gente a la que le gusta el futbol, como de la que no. Algo similar a lo que ha ocurrido con la Liga Mexicana de Beisbol (LMB), que lidera Horacio de la Vega: crear un espectáculo y una experiencia tan buena alrededor del partido, que la gente se sienta parte del momento. Desde la carne asada previa en familia hasta los shows de medio tiempo. 

Sevilla reconoce que para eso hace falta infraestructura. La LFA, de hecho, mira bastante el espejo de la LMB. Ambas tienen oficinas en el mismo edificio de la Ciudad de México y hay buena relación. Con todo, lo primero no será construir estadios. Hoy, los equipos juegan, en su mayoría, en estadios rentados, sobre todo, a universidades, y la LFA les ayuda a mejorar la experiencia del fan. 

Para ir más allá, por ahora, habrá que tener paciencia. Un estadio, con la inversión que eso supone para una liga que apenas está volviendo a despegar, no es la prioridad. 

En la temporada 2025 de la LFA, el promedio de asistencia era de 10,000 personas. En la pasada, aumentaron a entre 12 y 13,000. | CORTESÍA LFA

En el caso de Caudillos, renta el estadio de la UACH, con capacidad para 20,000 personas, y el reto es llenarlo. La final de la temporada 2026 se jugó ahí y se logró. Pero no es la realidad de todos los partidos, aunque se notan los avances. En la temporada 2025, el promedio de asistencia era de 10,000 personas. En la pasada, aumentaron a entre 12 y 13,000. 

En un futuro, Ginther habla de tener una casa propia. El proyecto es construir un centro de espectáculos con capacidad para al menos 10,000 personas, que albergue partidos, conciertos y otras actividades para que sea rentable.

Atractivo para el capital

Otros empresarios han llegado a la liga a raíz de la inversión de Global Sports Capital Partners. Marcelo Juaristi Mendoza y el grupo de empresarios que han invertido en los Gallos Negros de Querétaro lo hicieron el pasado enero. “Somos un grupo sólido de empresarios que quisimos diversificar, porque vimos en la nueva liga una manera o un instrumento muy certero y confiable”, explica.

Los Gallos se fundaron a finales de 2021 y debutaron en la temporada 2022. Juaristi y sus socios, dedicados hasta ahora a la construcción y el sector inmobiliario, sumaron capital y absorbieron a los dueños anteriores, que mantienen una participación. El empresario reconoce que, con la llegada del fondo de inversión, mucha gente volteó a ver el potencial de diversificación de negocio de la liga. 

En su caso, el equipo logró una concesión con el gobierno del estado para tener el estadio, donde también se encuentran las oficinas de los Gallos. Para la segunda temporada, ya han tenido ofertas de las universidades para prestar sus instalaciones. “Tenemos un problema de primer mundo, nos sobran los estadios”, bromea el socio de la franquicia, orgulloso porque sabe que detrás de ese ofrecimiento hay un involucramiento de la sociedad local. 

El interés del que habla Juaristi tras la llegada del fondo de inversión es algo que se replica en ligas de todo el mundo. El deporte se ha vuelto atractivo para el private equity. Uno de los fondos más activos es Arctos Sports Partners, fundado en 2019 y enfocado en el deporte. KKR concretó su compra en mayo, por 1,400 mdd. Nombres como Ares o Apollo Global Management ya son familiares para los aficionados. 

“El deporte es un elemento de diversificación de portafolios de inversión muy bueno”, sostiene Sevilla. “Genera estabilidad y se está agarrado de los sentimientos, la herencia, el fanatismo de la gente y es muy sostenible en el tiempo”. 

Además, señala, está pensado para verse en vivo y cuenta con un mercado de consumo que toma decisiones de compra en varias categorías importantes, lo que lo convierte en un elemento jugoso para las plataformas de contenidos. “Por eso, vemos que los derechos televisivos de las ligas parecen no tener un tope en el precio que se está dispuesto a pagar”.

En el caso de la LFA, que aún no cuenta con los elementos de sostenibilidad que ya tienen otros deportes, el atractivo es la posibilidad de crecimiento. “Hace poco, escuché a Ryan Kalil, uno de los dueños de los Osos de Monterrey (y exjugador de la NFL), decir que todo jugador de la NFL sueña con algún día tener un equipo de futbol americano. Hoy, eso es algo casi imposible”, dice apenas un día antes de que se haga pública la inversión del mexicano Gonzalo Hevia Baillères en los Seahawks de Seattle, a través de su firma HBeyond.

Pero la oportunidad es escasa. La operación del grupo de inversionistas que entró como copropietarios de los Seahawks en septiembre, en la que participó Hevia Baillères, fue de 9,612 mdd. 

Francisco San José Cabestany, investigador de la Escuela de Ciencias del Deporte de la Universidad Anáhuac, enfatiza en la idea de rentabilidad futura que anima a los fondos a mirar el deporte, a partir de los cambios que puedan introducir. Y en el impulso que supone, entre otros factores, la venta de derechos de transmisión. En el caso de la LFA, San José destaca el arraigo del futbol americano en México, no solo por la NFL, también por el futbol colegial, el de las universidades, con casi un siglo de tradición. 

“Si bien las audiencias son distintas y no necesariamente la gente a la que le gusta la NFL en México va a seguir la LFA, sí buscan consolidar sobre esa base para crear un escenario a mediano o hasta a corto plazo de rentabilidad”, señala. Pero ese escenario pasa por dar mayor difusión a la liga. Y ahí entra otro jugador al partido.

El valor de un buen socio

La pasada temporada, que duró de abril a junio, fue la primera en la que ESPN entró a transmitir los partidos de la LFA. El medio deportivo de Disney vio en el cambio de administración una oportunidad para aprovechar la transformación hacia una mayor profesionalización y de crecimiento de audiencias en la que trabaja la dirección de la LFA. 

“Las ligas locales nos permiten acercarnos de manera muy directa al fanático”, explica Jorge Castillo, Head VP de ESPN Mexico y de Sports Ad Sales & Partnerships en The Walt Disney Company. “Cuando tenemos ligas internacionales, el acercamiento con la marca del fan base es más lejana. Hoy que hemos tenido la oportunidad de tener diferentes propiedades locales, como la liga de beisbol o la de basquetbol, vemos que el aficionado lo vive de una manera distinta”.

Y es esa cercanía donde el directivo ve el factor ganador para ellos. “Si bien ESPN y Disney le pueden dar a la liga el prestigio [que tenemos] de estar siempre en los mejores eventos deportivos, uno de nuestros grandes objetivos es construir engagement todos los días con los fanáticos locales y nuevas audiencias”.

El directivo afirma que han registrado un alza en la audiencia prácticamente semanal, pero también un crecimiento en reconocimiento de la marca y la calidad del contenido que genera la propia liga, con una fuerte estrategia en redes sociales. Porque, además, no compite en temporalidad con la NFL, que se juega de septiembre a febrero, y complementa la afición. “Somos un eslabón más de esa estrategia de contenido”.

Al cierre de esta edición, ESPN aún no ultimaba el acuerdo para transmitir una segunda temporada, pero estaba en conversaciones. Castillo ve con optimismo que, en 2027, habrá más equipos, lo que supone más horas de consumo y plazas que visitar.

El otro gran socio de la LFA es Finsus, el patrocinador principal de la liga, que durante tres años llevará el nombre de la empresa. Carlos Marmolejo, CEO y cofundador de la fintech, señala que la compañía busca plataformas que les permitan acercarse a distintas audiencias y el americano reúne a “una comunidad muy comprometida”. “Además de la visibilidad, este patrocinio nos permite conectar con las personas desde un espacio que comparte valores con nuestra marca”, dice el empresario. “En Finsus, no queremos que ese primer contacto se limite a una comunicación comercial tradicional, sino que surja a partir de experiencias relevantes y momentos que ya forman parte de sus intereses”. Ahí está, para Marmolejo, el valor de la alianza. 

Mirar a futuro

La próxima temporada traerá ventajas a quienes apostaron por la LFA. No solo porque se fortalecen los equipos actuales, sino porque ya hay negociaciones con varios inversionistas para incorporar nuevas franquicias. En la temporada 2026 jugaron siete equipos, luego de que los Arcángeles de Puebla quedaran fuera de la liga. “Vamos a crecer, sin duda”, dice Sevilla. El siguiente torneo tendrá al menos un equipo más, aunque las negociaciones para sumar más aún no terminan. “Va a haber expansión, pero el hecho de que firmemos acuerdos no significa que estén listos para la próxima temporada”.

Sevilla sabe que hay mucho por hacer, pero está orgulloso de los primeros resultados. Por primera vez, se cerró un acuerdo con una aseguradora para que todas las franquicias, de manera obligatoria, tengan seguro de gastos médicos para sus equipos. Y, aunque no se han solucionado todos los impagos a proveedores heredados de la administración anterior, en esta temporada “ningún jugador se quedó sin cobrar”. 

Si bien el deseo es que fuera posible firmar contratos anuales con todos los jugadores, hoy, reconoce, es imposible. De momento, lo más viable es que se logre con los coaches y su staff, para trabajar la estrategia durante todo el año. Y están cerrando acuerdos con agentes de jugadores de distintas partes del mundo para acceder a más talento. 

Juaristi, de Gallos Negros, señala que esa es su apuesta. A principios de noviembre llevarán a cabo el relanzamiento de la marca y la presentación de la estrategia para el flag futbol, el nuevo uniforme, logo y equipo. “Contratamos al mejor head coach de México. Tenemos un dream team. Los demás colegas se van a poner a temblar”, asegura. Sus entrenadores ya están trabajando en la siguiente temporada.

Y los patrocinios han empezado a tocar a la puerta del equipo, que ha incrementado su presupuesto para la siguiente temporada a 30 millones de pesos. Eso incluye salarios, traslados y la homologación de salarios entre jugadores estadounidenses y mexicanos.

Ginther señala que, actualmente, ningún equipo es rentable, pero con los cambios realizados no duda de que pronto llegará el punto de equilibrio. El equipo de Chihuahua prevé subir 20% su inversión para la siguiente temporada. Eso son 5 mdp más que este año. Es optimista con la evolución de la liga. “Lo importante es que nos enfoquemos en cómo vamos a crecer todos”, opina.

Sevilla, el comisionado de la LFA, ve a siete años una liga con planes avanzados para que las franquicias tengan sus propios estadios, con un gremio establecido de árbitros, con jugadores con salarios anuales. Y ligas de flag futbol, con academias para niños. “El mercado mexicano de futbol americano da para eso. Y lo que necesita es más inversionistas, no solo el fondo, y mucho trabajo”.

Reportaje de Grupo Expansión.

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