A minutos de que el balón ruede para el partido 1000 en la historia de las Copas del Mundo, el ambiente mundialista se apoderó de Monterrey. El Parque del Agua se convirtió este sábado en un punto de encuentro para cientos de aficionados que comenzaron a poner el color antes del duelo entre Túnez y Japón, una cita que quedará marcada en los libros de historia del futbol.
La marea japonesa dominó claramente los alrededores del estadio. Vestidos con las camisetas de los Samurai Blue, portando banderas y bufandas de su selección, los seguidores asiáticos recorrieron el lugar entre fotografías, cánticos y sonrisas, sorprendidos por la calidez de la afición local que se sumó a la celebración.
El ritmo tampoco faltó. Una batucada animó buena parte de la jornada y rápidamente logró reunir a decenas de personas alrededor de sus tambores. Los aficionados japoneses, conocidos por su comportamiento respetuoso y reservado, se dejaron contagiar por la energía mexicana y terminaron participando activamente en los bailes, aplausos y cánticos que surgían en distintos puntos del parque.
La alegría de los visitantes fue una de las estampas más llamativas de la tarde. Muchos aceptaron posar para fotografías con aficionados mexicanos y de otras nacionalidades en una jornada que para ellos ya era histórica incluso antes del silbatazo inicial.
Varios de ellos también fueron protagonistas de una de las tradiciones espontáneas que han surgido durante el torneo: al grito de “¡Quiere volar, quiere volar!”, fueron cargados y lanzados por los aires entre risas, aplausos y teléfonos celulares capturando el momento.
El intenso calor acompañó prácticamente toda la previa. Sin embargo, pese a los pronósticos que mantenían la amenaza de lluvia sobre la ciudad, las precipitaciones nunca llegaron. El cielo se mantuvo estable y permitió que la fiesta se desarrollara sin contratiempos, favoreciendo el ambiente festivo que predominó en los alrededores del estadio.
Ya en los accesos al inmueble, el ingreso transcurrió con completa normalidad y en perfecto orden. Los aficionados japoneses volvieron a mostrar la disciplina que los ha caracterizado en los grandes eventos internacionales, siguiendo las indicaciones del personal de seguridad y respetando los protocolos establecidos. Así, entre tambores, cánticos, sonrisas y un ambiente de convivencia ejemplar, Monterrey vivió una antesala digna de un encuentro histórico: el partido número 1000 en la historia de los Mundiales.

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