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A los 15 años, Sergio Pérez dejó Guadalajara con un boleto de ida a Alemania y un sueño que parecía reservado para unos cuantos. Se marchó de casa para perseguir la Fórmula 1, sin garantías de éxito y con una presión que lo acompañó desde sus primeros pasos en el automovilismo. El domingo, donde sumará 300 Grandes Premios, seis victorias y una carrera que lo convirtió en uno de los pilotos mexicanos más importantes de la historia, entiende que alcanzar la meta no siempre significa disfrutar el camino.

“Le diría que disfrute mucho más, porque todo va a pasar mucho más rápido de lo que cree”, reconoce Checo a Sports Illustrated México, al imaginar una conversación con aquel adolescente que dejó atrás su juventud para competir en Europa.

La frase tiene el peso de la experiencia. Checo ha vivido victorias que parecían imposibles, podios que marcaron generaciones y momentos en los que su futuro en la máxima categoría pendió de un hilo. También conoció el golpe de quedarse sin asiento, la frustración de sentir que no podía mostrar todo su talento y la exigencia de cargar sobre sus hombros las expectativas de un país.

Ahora, con Cadillac, afronta una etapa distinta. No regresa únicamente para sumar carreras ni para prolongar su trayectoria. Regresa con la intención de construir algo propio, recuperar la confianza en un proyecto que lo respalda y, sobre todo, tener el control de su despedida.

“En toda mi carrera nunca tuve este nivel de apoyo ni de liderazgo. Por muchas circunstancias, no había tenido esta oportunidad. Poder vivirla en este momento de mi carrera es algo que estoy disfrutando muchísimo”, explica.

Para Pérez, el reto va más allá del resultado de cada domingo. Detrás de la pista existe un trabajo que considera fundamental: construir un equipo, atraer talento y formar una estructura capaz de competir en la Fórmula 1. Cadillac representa esa posibilidad y le permite mirar el futuro desde un lugar diferente, con una responsabilidad que ya no se limita a conducir un monoplaza.

“Para mí no se trata solamente del resultado del domingo. Es todo el trabajo que hemos hecho detrás de cámaras con el equipo, con mi mánager y con toda la gente que hemos logrado atraer al proyecto. Eso ha sido muy importante”.

La herida que dejó Red Bull

Antes de llegar a este punto, Checo tuvo que atravesar uno de los capítulos más complicados de su carrera. Su salida de McLaren, después de una sola temporada, lo dejó sin asiento para el siguiente año. Pasó de ser una de las grandes promesas de la Fórmula 1 a buscar una nueva oportunidad. La caída fue profunda y las consecuencias duraron más de lo que imaginaba.

“Mi momento más difícil fue cuando McLaren no me renovó el contrato. Pasé de ser el piloto sensación de la Fórmula 1 a no tener asiento para el siguiente año. Fue un golpe muy duro y me tomó muchos años salir de ahí y volver a tener una oportunidad en un equipo grande”.

El mexicano sabe que aquel episodio marcó su trayectoria. También considera que su nacionalidad añadió una dificultad extra para recuperar el lugar que había perdido. Tuvo que acumular resultados, podios y actuaciones sobresalientes con coches que no siempre estaban a la altura de los mejores para demostrar que merecía otra oportunidad.

Cuando llegó a Red Bull, encontró un equipo capaz de llevarlo a las victorias y al subcampeonato mundial de 2023. Sin embargo, la experiencia también dejó una espina. Desde su perspectiva, nunca pudo mostrar todo su potencial en la escudería austriaca.

“Siendo mexicano, es más difícil. Haber estado en un equipo grande y que no te renueven fue una mancha que me costó mucho tiempo quitarme. Necesité muchos años de resultados y podios, de llevar coches que no eran tan buenos a lugares que nadie hubiera imaginado, y aún así tardó mucho en llegar una buena oportunidad. Aunque estuve en Red Bull con un gran equipo, realmente nunca tuve la oportunidad de mostrar todo mi talento ahí”, comparte.

Por eso, Cadillac adquiere un significado especial. Es una nueva oportunidad para competir, pero también para cerrar una herida que no desapareció con los triunfos. Checo quiere demostrar que todavía tiene mucho que aportar y que su historia no debe quedar definida por los últimos meses de una etapa difícil. Ahora ya tendrá tres años más de contrato con Cadillac.

Su carrera, al fin y al cabo, se construyó a partir de momentos en los que tuvo que insistir cuando el camino parecía cerrarse.

Cuando firmó con Red Bull, recuerda, aceptó sin cobrar un centavo, como cuarto piloto del campeonato. No necesitó garantías para dar el paso. Le bastó con reconocer una oportunidad que podía cambiar su futuro.

“Hoy en día, los jóvenes buscan muchas garantías antes de luchar por sus sueños. Creo que es al revés: primero hay que ir a luchar por ellos. Cuando firmé con Red Bull, lo hice gratis, siendo el cuarto piloto en el Mundial. Después de toda la carrera que había tenido, acepté sin pensarlo porque sabía la oportunidad que podía conseguir y lo que podía lograr ahí”.

Una despedida que también le pertenece a México

Si algo ha acompañado a Checo durante su trayectoria es la afición mexicana. Su presencia en el Gran Premio de México convirtió cada carrera en casa en una experiencia distinta. El ruido de las tribunas, las banderas y el respaldo de miles de personas le dieron una dimensión emocional que ningún resultado puede explicar por completo.

Por eso, cuando decidió regresar a la Fórmula 1, la posibilidad de despedirse en México pesó tanto como el desafío deportivo.

“Sin duda, fue una de las razones principales por las que regresé. Poder irnos de la Fórmula 1 cuando nosotros queramos. Ha habido tanta evolución y tanta pasión de tantas generaciones que no era la forma en la que me quería ir: sin despedirme y sin tener un último Gran Premio en casa”.

No quiere que su historia termine sin una última carrera frente a quienes lo acompañaron desde el principio, incluso cuando parecía improbable que un mexicano llegara a competir al máximo nivel. Aspira a elegir el momento, preparar la despedida y compartirla con su gente.

“Visualizo algo soñado: que sepamos que nuestro último Gran Premio será nuestra despedida y que sea muy emotiva para toda mi afición. Ellos han sido una de las principales fuerzas por las que regresé y no me he arrepentido, porque han sido increíbles”.

En esa despedida imaginada hay un recuerdo que sobresale por encima de los triunfos internacionales: su primer podio en México. En 2021, después de terminar tercero, Checo encontró en el podio algo que iba más allá de un resultado deportivo. Su familia estaba ahí. También Carlos Slim, quien le entregó el trofeo, y su hijo, testigo de un instante que el piloto conserva como el más especial de su carrera.

“Mi primer podio en México fue un momento muy especial. Estar ahí con toda mi familia, que Carlos Slim me entregara el trofeo y tener esa foto con Carlos y con mi hijo viéndome en el podio fue el momento más especial de toda mi carrera. Toda la gente que más me había apoyado estaba ahí conmigo. Es un momento que voy a recordar por siempre”.

También recuerda la primera curva de aquella carrera del 2023, cuando llegó al frente y provocó una explosión de alegría entre los aficionados. El movimiento no terminó como esperaba, pero la emoción quedó intacta.

“Obviamente, no me salió y hubiera hecho muchas cosas diferentes, pero poder llevar esas emociones a tu país es algo que muy pocos pueden soñar con hacer. Llegar a la primera curva en primer lugar y provocar esa emoción en tu afición… creo que son el tipo de emociones que buscábamos vivir como país. Pudimos vivirlas juntos y espero que todavía nos queden muchas más”.

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